jueves, 26 de noviembre de 2009


¿Cómo podré soportar este día de Acción de Gracias?


¿Será cierto que los astros influyen sobre las personas y les traen momentos positivos o negativos, según su posición? Me lo pregunto porque suelo atravesar ciertas situaciones perniciosas que, repentinamente, sin previo aviso, ¡plaf!, me llegan como en cadena, en sucesión de calamidades, y en una fiera competencia; es como si se alistaran para ver quién de ellas causa más daño. Es como si hubiera alguien, no sé quien, o algo, no sé qué, que quisiera ponerme a prueba o enviarme una carga de humildad o desbaratar mis situaciones plácidas. Igual que si un supuesto y enconado diablo inquisidor echara un reto a mi dignidad, a mi honra, y a mi estabilidad emocional… Como ahora, por ejemplo, cuando un resbalón causó la fractura de mi muñeca izquierda y me veo imposibilitado a medias; al mismo tiempo se dañó mi navegador principal —Safari—, donde tengo almacenados mis archivos más esclarecedores, y por donde entro en Internet. Y lo peor de todo: se dañó mi nevera… ¿Puede haber mayor desgracia? En un momento subió varios escalones la amargura de mi alma, desequilibrando mi respiración y afectando a mi estómago, que ahora se niega a digerir los alimentos con la eficacia acostumbrada. Y las consecuencia psicológicas fueron desastrosas, hasta el punto que tanto mis ideas, como mis conceptos, o mis creencias, o mis sentimientos más sublimes, ¡todo se está viniendo abajo! Y a estas alturas y en estas circunstancias ni me atrevo a mirar la foto de Angelines y suplicarle que me eche una mano… porque, inclusive, la presencia de ella, cada vez que acontecen estos estados depauperados del espíritu, se va borrando de mi mente, lentamente pero de forma incesante. Y es que, cuando me siento así, comienza a imponerse mi sentido más razonador, y me dice que la vida «solo» es esto que se ve y se toca: la flor, el libro, la taza, la silla, el inodoro, mi vecina, su gato…, que deje de buscar otras fuerzas invisibles y misteriosas.

Por esta razón hoy es uno de esos días que no deseo destacar, que me niego a sentir satisfacción de mí. Solo tengo interés en convertirme en una almeja semienterrada o en un batracio de los que se ocultan en la arena del desierto durante varios años.

Hace unos días, alguien me decía que yo soy un idealista. No sé qué quiere decir concretamente con eso. Puede que esa sea la razón de haya sufrido sin necesidad, al ver que las cosas no suceden a mi manera. Para un idealista la vida, los sucesos, los sentimientos, los hechos que nos envuelven han de tener un sentido, una solidez, un peso específico. A los idealistas no nos gustan las superficialidades, ni el incumplimiento, ni las promesas baldías, ni el fingimiento o la hipocresía, ni el menosprecio. Esto no significa que exijamos un comportamiento deshumanizado y recto a carta cabal. Es más bien como una forma de ver las cosas de la vida con cierta solidez pero sin dejar de ser humana, verdadera, auténtica, profunda y amorosa. Y, encima, hoy es jueves, día de Acción de Gracias, un larguísimo jueves, interminable, melancólico y absolutamente deshilvanado. Y yo, con una mano inútil, ¿dónde voy? ¿Cómo harán otras personas para sostenerse en estos momentos de crisis? ¿Esperarán a que Marte confluya con Venus y con la Luna o se subirán al último piso del Empire State con intención de experimentar si son capaces de volar?

Ahora le tiro piedras a los perros, le doy patadas a las latas vacías, discuto con la gente, me tiro pedos… En realidad, me encuentro como si estuviera al borde de un agujero negro, a punto de ser absorbido y trasladado a la nada; o envuelto por la ardiente lava de un volcán, o vapuleado en medio del vomitado verde y repugnante del dios Atlas o de Neptuno, que no sabría con cual de los dos quedarme. Y, por encima de todo, me siento desahuciado, decepcionado de todo; en este momento, ante semejante situación, no me interesa leer, no disfruto con la música o con la televisión (¡quién me iba a decir a mí que no sentiría interés en ver la Parada de Macy’s, símbolo del bienestar capitalista!) ni tengo ningún interés en ir al cine a ver una película de vampiros, a pesar de que sería lo que estaría muy en consonancia con mi estado de ánimo…

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