viernes, 5 de septiembre de 2014

El día que aparecieron las gallinas
Claro, la vida podría haber aparecido así porque sí, sin ningún plan concebido previamente por alguien con supremos poderes. Podría haber partido de una célula (aunque no sé con seguridad de dónde saldría la tal célula) la cual se desarrolló dentro de un plan biológico «natural», que «estaba ahí», metido en la rutina, esperando a ver qué pasaba. Entonces ésta se ayudó de una partícula loca perteneciente a otra materia: la de la física. O también pudiera ser que la mencionada célula llegara a la Tierra montada en un meteorito cargado con óvulos de diversas hechuras, buscando sus espermatozoides para fertilizarse (y por lo visto, sí los encontró); después aprovecharon una alteración radiactiva —posterior al bing-bang, desde luego— para comenzar la confección de la vida. Y así, cuando todavía no existían los cromosomas, principiaron a combinarse unas células con otras (debió de ser porque experimentaron un placer sexual, porque de lo contrario no se hubieran «unido» y, en ese caso, no hubiera existido la multiplicación de las especies), con el fin de ir creciendo con el paso de los días. Gracias a lo cual se creó un ser con vida que, probablemente, había comenzado en el mar (y cuando asomó su cabeza a la Tierra, que, por cierto, todavía no se llamaba así, miró a los lados y se dijo: «¡Oye, esto está magnífico! Mejor me quedo aquí. Por lo menos no hay tanta humedad como ahí abajo.»). Posiblemente este ser ignoraba que había sido elegido por la Naturaleza para iniciar la evolución (que trabajaría para llegar a crear unos seres con dos «patas» y una nariz –más pronunciada en unos que en otros–, o sea unos individuos un tanto monstruosos que acabaron trabajando en oficinas, haciendo puentes levadizos, alimentándose a base de pizzas y hamburguesas, y apretando su cuello con unas sogas extrañas que llamaron corbatas…). Mucho antes, así como por casualidad, comenzó a fluir agua potable procedente de la lluvia, a lo que siguió el nacimiento de las plantas… (difícil entender tanta armonía y trabajo para llegar a crear unos seres tan atribulados y asediados como nosotros). Pero, así fue: por un lado aparecía el oxígeno para que pudiéramos respirar a pleno pulmón; por otro se diversificaban los seres: estaban las tortugas que asomaban asombradas sus cabezas fuera de sus caparazones, la tarántulas, los calamares con su sangre negra, y otras especies (algunas muy rebuscadas). Antes habían venido los dinosaurios que posteriormente, según las ciencias naturales, fueron exterminados por un meteorito (¡¡menos mal!!) y nos libramos de ellos; después, llegaron los tigres con colmillos afilados al mismo tiempo que las plantas carnívoras, pero todo se fue «civilizando» lentamente. Unos millones de años antes, no sé cuántos, se desarrollaba la gravedad para que pudiéramos poner nuestros pies sobre la tierra y no nos quedáramos flotando en el aire como pánfilos. Hubo otro momento grandioso: fue cuando la Naturaleza comenzó a hacer lo posible para que la biología y los aparatos digestivos se pusieran de acuerdo con el fin de posibilitar la digestión de los alimentos que teníamos a nuestro alcance… ¡Y entonces la clorofila se fue tiñendo de verde y se desarrollaron las diferentes sustancias nutritivas! ¡Bieeeeen! Mientras, el sistema de aguas se domesticaba cada día más y, debido a la presión atmosférica, se regularizaba la circulación del viento, la frecuencia de la lluvia y el vuelo de las aves. Además, se desarrolló el afán instintivo y altruista de algunos insectos para polinizar las plantas y con ello comenzaron a surgir las rosas, las alcachofas, las margaritas… ¡Ah! y llegaron también las transformaciones zoológicas, de forma que muchos de los feroces animales primitivos fueron desapareciendo para para dar entrada a las mansas iguanas y a las gallinas y sus huevos para facilitar la tortilla. Por otro lado, se indujo la necesidad del sueño con el fin de fomentar el descanso, y, agarrándose a propiedades de la física, se produjo la apreciación de los colores (¡que fea hubiera sido la vida si solo la viéramos en tonos grises!). Después fue llegando el llanto y la risa, los sentimientos, los rencores, las guerras, y, lo más importante: llegaron los equipos de fútbol y el atractivo sexual, porque, de lo contrario, la vida no hubiera tenido mucho incentivo… 
Bueno, ya sé que ustedes estarán diciendo que soy una especie de sacrílego imbécil, que me pitorreo de todo y comento con ironía unos detalles tan significativos y necesarios para nuestra vida. Pero, ¿qué quieren? Existen tantas y tantas teorías que es difícil tomárselo en serio. Una vez leí en no sé donde que la formación aleatoria de la vida era más imposible que atribuírsela a un Dios creador. Expresaba dicha crónica que si se juntaran todas las piezas de un automóvil y se elevara uno con ellas a varios kilómetros de altura, y se dejaran caer a barullo con la esperanza de que se formara un vehículo por sí solo, tal cosa nunca podría ocurrir aunque la operación se hiciera cien mil millones de veces… Pues con la creación de la vida pasa lo mismo. 

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