jueves, 22 de julio de 2010



Un recuerdo dedicado a Venezuela


Veamos cómo me planteo este día… Hoy es jueves, un día como otro cualquiera, sin un significado especial; un día que en lo referente a efemérides familiares, no contiene nada en particular. Trato, simplemente, de planificarlo, de implantarme los propósitos conceptuales, de carácter espiritual en su mayoría, que rondan de forma continua por mi cabeza y que llevo un tiempo tratando de asimilar como base de mi ideario y mi conducta. También hay alguno de carácter material, pero son solo reminiscencias del ayer, porque hoy, tanto mis condiciones físicas como las provenientes del ánimo ya no dan para más. Y no me refiero tanto a la capacidad como a los estímulos que nos impulsan a todos en la vida. Siempre he sido muy emprendedor, un individuo lleno de proyectos, pero ahora carezco de la ilusión necesaria. Ya no tengo edad para meterme en aventuras. Por lo que he lanzado la toalla definitivamente.

Sin embargo, en lo espiritual sí me involucro y crezco, y lo hago con mucha fuerza moral y mucha fe en mis propósitos. Para mí, hoy, la vida, esta que vemos y nos ocurre, es más espíritu que materia. Y cuento con el gozo de que a mi edad se despierta una sensibilidad especial hacia las cosas, hacia la naturaleza, hacia los perfumes y el colorido de las flores, hacia el candor de los animales, la belleza de los paisajes y la grandiosa y admirable constitución de las personas. ¡Ah! y también se me ha avivado de una forma prodigiosa la concreción de los recuerdos… Ellos me permiten que, en parte, los buenos momentos del pasado los pueda volver a vivir.

Pero, volvamos al principio, a lo que intentaba decir sobre cómo trato de plantearme este día. Porque —y perdonen, porque estoy entrando en otro inciso— ya he comprobado que no puedo planificarme elaborando una lista con horarios y actividades que debo realizar cada día, como hacía antes. Ahora, a mi edad, no tiene sentido. Hasta hay jornadas —como ayer— que por la noche me digo: ¡Mañana tengo que ir al supermercado! y al día siguiente, hoy, cuando me despierto, desestimo la idea, bien porque no siento ganas de dedicarme a ello o porque me levanté con el propósito de hacer otra cosa y se me pasó el tiempo sin advertirlo. Entonces decido arreglármelas con lo que tengo en la despensa, lo cual también tiene su fascinación por aquello del factor sorpresa. Y es que, por una razón o por otra, tiendo a eliminar todas las gestiones que pertenecen a lo convencional… En realidad, para mí, cada día es una jornada nueva y tiene un sentido diferente. Y encierra nuevos propósitos que no puedo planificar con antelación.

Continuo desarrollando la idea (o comienzo a desarrollarla, porque hasta ahora no he dicho ni pío de lo que pensaba decir). Bien, después de desayunar —café, pan tostado, jamón cocido, queso, plátano (aquí en Puerto Rico se llama guineo), jugo de naranja, etc.—, me siento frente a mi ordenador y pongo música… Hoy elegí de nuevo el disco de «Concierto venezolano», de Cándido Herrera y su conjunto, que se desarrolla a base de arpa y cuatro (una pequeña guitarra con cuatro cuerdas, instrumento venezolano por antonomasia) que tanto me agrada oír en la mañana temprano porque prepara mi ánimo para el resto del día y me trae evocaciones nostálgicas de un intenso romanticismo. Claro, todo este recuerdo venezolano está muy relacionado con mi persona… Pues, para mí, los nueve años vividos en Caracas fueron los más intensos y felices de mi vida; fue cuando me sentí más realizado como ser y como elemento activo, y siempre estaba lleno de proyectos e ilusiones. Además, es cuando fui mejor acogido por mi entorno social. Y éste es un sentimiento meramente personal, que me alude exclusivamente a mí. Porque Angelines, recuerdo que cuando llevábamos viviendo unos ocho años en Puerto Rico, me confesó que nunca había sido tan feliz como lo era en aquellos momentos. Ella amaba a esta tierrra intensamente y aquí se realizó como mujer y como persona. Y yo también me sentía feliz, pero de otra manera más reposada, más contemplativa si se quiere. Aquí mi vida como ser dinámico y activo ya empezó a declinar, a tener la sensación de que la mayor parte de mis ambiciones se iban a quedar en el camino. Mientras que en Venezuela viví la vida en pleno apogeo.

Sin duda, el lector que ha seguido mis blogs desde hace tiempo pensará que la principal razón de mi amor a Venezuela proviene de la relación amorosa clandestina que viví en aquel país. Y no lo niego. Pero aquella relación —de la cual, no tengo que repetir que estoy arrepentido o persevero en ello— fue la consecuencia del glamour y la simpatía que generaba yo. Y no fue algo propiciado por mí, sino que fueron las circunstancias y mi vida glamorosa quien me lo proporcionó… Hablaré de ello más adelante porque este es un asunto que contiene muchos matices relacionados con los sentimientos que nos trae la vida…


En la fotografía estamos Angelines y yo en los primeros días

de nuestro regreso a España desde Venezuela. Es el año de 1975